Ana

“No hay amigos en el ocaso” o si, esta frase dicha a modo de contraseña en la última película de Nolan, me hizo reflexionar cuando la vi, y esta mañana al leer un artículo sobre las amistades.

Creo que tiene mucho de acierto y algo de error, como todo. Es cierto que en los peores momentos cuentas con muy pocos, ya no en el ocaso visto como fin, sino también como en momentos de crisis o de tristeza. Amigos de esos, muy pocos, poquísimos la verdad. Amigos de juergas y de momentos de buenos tiempos de esos hay a patadas, de los que solo se acuerdan de tí de pascuas a ramos, pero no les llames para contar nada serio porque de esos temas no entienden. El último año ha orientado la brújula en ese punto. En el fondo, lejos de resultar descorazonador, resulta gratificante. La mochila pesa menos, y en este tiempo actual, liberarte de peso innecesario, es cuanto menos alentador. 

Tengo la suerte de tener pocos amigos y bien escogidos, de Monterrey a Las Palmas pasando por Sevilla, Amsterdam, Santiago, Málaga o DC. Soy afortunada la verdad. Amigos con los que compartir un hola cómo estás, un día determinado como si fuera la continuación de la conversación del día anterior. Con los que es fácil ponerse al día y con los que resulta cómoda la conversación, las risas, las confidencias y los problemas, que también. Amigos de hace 48 años y amigos más recientes.

Ana, protagonista de esta fotografía, forma parte de este círculo. Nos conocemos desde hace tres años, pero parece ya una eternidad. Con una sonrisa siempre, y buen ánimo, es de esas amistades que atesoras, por lo mucho que aporta con nada. Generosidad, disposición y cariño, son algunos de sus muchos valores. Una suerte tenerla.

Recoge arena en las playas que visita para coleccionar como un recuerdo al que volver con solo mirar o abrir el tarro y que te traslade de golpe a aquel momento.

Esta foto, tomada en las Catedrales, la representa. Sus converse, su sonrisa, la bolsa con la arena...Viajar en una foto a un momento de paz, tranquilidad, regresar a ese instante y sonreír. Ana, querida, gracias.