El día que Madrid se paralizó

Y entonces Madrid se paralizó y todo parecía mágico y surrealista a la vez, menudo empiece de año llevamos y eso que el 2020 ha terminado, independientemente de los avisos que se dieron y los problemas posteriores que a día de hoy continúan, el sábado fue un día memorable. 

Las previsiones auguraban una nevada épica, y decidí sacar fuerzas de debajo de las piedras para madrugar mucho y salir a hacer unas fotografías. Unas botas altas de agua guardadas durante años y un chaquetón, regalo de mi madre me protegieron del frío y otras inclemencias. Me he dado cuenta que necesito un protector para mi cámara, hice un arreglo provisional pero no es solución. 

Al lío, lo primero que ocurre cuando nieva, es el silencio atronador. No se oye nada, el crujir de la nieve bajo tus pies, o el de las ramas de los árboles que has de ir mirando por si acaso vencen. Durante un tiempo vivimos fuera de Madrid, en el campo, y la señal de que había nevado era la ausencia de ruido. 

La glorieta de Bilbao parecía sacada de una película, nadie en la calle, Fuencarral arrasada por los árboles caídos, solo tenía un pequeño camino practicable por el centro y laterales. Pequeño es pequeño. Como mucho para uno y con cuidado. Los árboles que el día anterior lucían hermosos y altos caían sobre la calzada, esperando romperse del todo. La nieve por las rodillas, un número 

Llegar a Gran Via, una de las calles más fotografiada de Madrid, por mi también claro, fue como llegar a otra época, así debería verse en otras décadas cuando la nieve era más habitual. Caminar por el centro, sin más cuidado que vigilar a los que iban corriendo, si porque algunos salieron a hacer deporte, otros esquiando, y a los locos de la fotografía como yo.  Sol desierta, solo los operarios, gracias, despejando las entradas del metro. El reloj, el oso, todo era irreal. 

Me acerqué a ver otro de mis edificios favoritos, el Metropoli, y pude tomar la foto que ilustra el post. Estaba fotografiándolo y de repente entró en el encuadre esta chica y aproveché. Casualmente el día anterior cuando había empezado a nevar fotografié desde mi terraza una chica con un paraguas similar. 

De ahí vuelta a casa. Ya había más gente, algunos no preparados para el frío que hacía o para los resbalones que ya se iban produciendo, pero eso es otra historia. Ahora a recordar ese día, y aunque dicen que volverá a nevar en un par de semanas, ya no será como esta vez. 

Iré subiendo a la galería para que podáis ver mi recorrido, y si os gusta alguna ya sabéis, os preparo la copia en el formato que más os guste: papel, algodón o lino. 

Gracias por estar ahí y leerme